         |
 |
ASPECTOS
HISTÓRICOS DE LA DISTONÍA MUSCULAR GENERALIZADA
Dr. Lluís Barraquer Bordas, Dra. Pilar Otermin
Vallejo.
Servicio de Neurología. Hospital de la Santa Creu i Sant Pau. Barcelona.
Existe actualmente un consenso universal en atribuir la primera descripción
de la distonía generalizada a Luis Barraquer Roviralta (1897),
detallando las características semiológicas (signos y síntomas)
de su observación y dejando constancia de ellas en dos im´genes
clínicas, que son actualmente clásicas en todo el mundo:
La actitud distorsionada variable de un momento a otro que ofrecía
el paciente, con movimientos deformantes del tronco -dato, entre
otros, crucial-, de las extremidades, con aumento de los espasmos musculares
en ocasión de un movimiento voluntario. Barraquer Roviralta recurrió
al término de atetosis para la descripción de estos movimientos.
En 1908, W. Schwalbe, bajo la dirección de Th. Ziehen, publicó
una detallada tesis sobre los espasmos distónicos, a los que calificó
de "calambres tónicos con síntomas histéricos".
La familia descrita por estos autores era la de unos niños judíos
con espasmos tónicos de intensidad variable, ocasionando deformaciones
y torsiones variables de la cabeza, de las extremidades y del tronco,
con a veces, intensa lordosis. El movimiento y las emociones aumentaban
las anomalías. Era la presencia de "gestos antagonistas"
destinados a disminuir los espasmos, los que inducían erróneamente
a algunos a dar cabida a interpretaciones psiquiátricas fuera de
lugar.
Estas interpretaciones pretendidamente psicodinámicas de las distonías
generalizadas deben imputarse a seguidores improcedentes de la doctrina
de S. Freud, mas que al nombrado psiquiatra. Entre los espasmos persistía
una hipertrofia muscular de fondo, y así Zhiehen recalificó
este cuadro clínico de "neurosis tónica de torsión"
(a tener en cuenta que por aquellos años la enfermedad de Parkinson
era aún catalogada de "neurosis"). En 1911, H. Oppenheim,
hombre de máximo prestigio en el marco de la Neurología
alemana, describió cuatro nuevos casos en niños judíos,
introduciendo por primera vez el término distonía para referirse
a la mezcla de músculos hipertónicos con otros hipotónicos,
utilizando así la etiqueta de "distonía lordótica
progresiva" o "disbasia musculorum deformans". Es patente
pues, que Barraquer Roviralta había empleado el vocablo atetosis
y no el de distonía, que -como vemos- éste no fue
sugerido sino 14 años después de aquella primera descripción
de la forma generalizada.
Y aunque en la literatura centroeuropea, allá por los años
veinte, se conoció el cuadro como "enfermedad de Schwalbe-Ziehen"
y también como "enfermedad de Oppenheim", hay que reclamar,
ya desde ahora el término de "síndrome de Barraquer
Roviralta" para la distonía generalizada.
Posteriormente a Oppenheim el tema ocupó intensamente a los neurólogos,
sobre todo cuando aparecieron con profusión los casos secundarios
a la encefalitis de von Economo, frente a otros casos igualmente adquiridos
y sobre todo a los "idiopáticos", apareciendo numerosos
artículos de diversos neurólogos, especialmente de la escuela
francesa, en los años siguientes.
En 1957 hicimos una recolección y una alusión a una serie
de trabajos aparecidos hasta la fecha, a la que, aquí dejamos implícita
referencia (Barraquer Bordas: "Patología General del Tono
Muscular").
En 1962, Dereck Denny-Brown, revisando con agudeza la patología
de los ganglios basales, expuso su concepción sobre la diferenciación
entre la distonía palidal y la estriada, con flexión de
las extremidades superiores y extensión de las inferiores en la
primera, y extensión en todas ellas en la segunda.
A partir de los años setenta el tema de las distonías entra
en una nueva fase, girando, en gran parte, en torno de los puntos de vista
de D. Marsden y su pleiade. Se establece la distinción entre distonías
focales, segmentarias y la generalizada, que nos está ocupando;
se señala atinadamente la asociación de un temblor de actitud
a la distonía; se distinguen diferentes variantes etiológicas
y, en los últimos años, varias formas de distonía
generalizada se han podido ligar a problemas genéticos. Así
mismo, la correlación anatomoclínica, hecho clave en la
neurología clásica, no comenzó a aclararse en el
campo de la distonía hasta esos años, debido a la escuela
del propio Marsden -junto con la colaboración entre otras de dos
neurólogos españoles, Zarranz y Obeso-, y la escuela canadiense
de Lang.
Así, llegamos a la época actual, y con ello a los avances
obtenidos en el estudio neurofisiológico de los ganglios basales,
y los resultados conseguidos por nuevas técnicas terapéuticas:
la toxina botulínica en el presente, y la cirugía estereotáxica
en un futuro cercano.
En todos los años transcurridos desde su primera descripción,
no se ha conseguido hasta el momento discernir la causa inicial y los
acontecimientos o mecanismos cerebrales alterados que desencadenan una
distonía. Sin embargo, tras casos secundarios de distonía
en los que las lesiones asentaban en los núcleos o ganglios basales,
y tras comprobar los resultados de estudios neurofisiológicos sobre
estos núcleos en casos de distonía generalizada, es cada
vez mas patente que el problema en los casos de distonía primaria
radica en un funcionalismo anómalo de estos núcleos. El
problema principal que parece determinar el exceso y la inapropiada actividad
muscular de grupos musculares, es una falta de control motor de la corteza
motora a través de la alteración de los circuitos de conexión
entre ciertos núcleos basales y la corteza motora (via pálido-tálamo).
Nuevos avances en este campo podrán favorecer el mejor conocimiento
de las causas y los mecanismos cerebrales al completo que determinan la
aparición del síndrome distónico, lo que posiblemente
desencadene avances terapéuticos significativos.
En cuanto al apartado de tratamiento, podemos decir que ha sido en los
últimos quince años cuando se ha conseguido logros importantes,
tanto por la aparición de la toxina botulínica como el mejor
tratamiento sintomático hasta la fecha, y por las primeras aportaciones
esperanzadoras de la cirugía de los ganglios basales en casos de
distonía generalizada.
La aplicación de toxina botulínica sobre los músculos
implicados en el movimiento distónico ha supuesto un importante
avance en el tratamiento y en el pronóstico de los cuadros focales
y segmentarios. La toxina botulínica actúa selectivamente
sobre la terminal presináptica colinérgica del nervio periférico,
bloqueando la liberación del neurotransmisor acetilcolina (Ach)
en la unión neuromuscular. El resultado final de este proceso es
la inhibición de la conducción nerviosa en esta unión
neuromuscular lo que determina debilidad y atrofia del músculo
hiperactivo inyectado.
De los siete serotipos de toxina botulínica existentes, es la del
tipo A la única comercializada hasta el momento y con la que ya
se cuenta con una gran experiencia en múltiples ensayos terapéuticos.
La toxina del tipo F ya ha sido utilizada en ensayos clínicos que
han demostrado una eficacia similar, aunque la duración del efecto
es menor lo que podría condicionar un mayor número de resistencias
a corto plazo. Recientemente se ha conocido los resultados de estudios
internacionales multicéntricos con el serotipo B. A la vista de
estos resultados la toxina botulínica del tipo B ofrecería
un perfil de eficacia y seguridad similar a los de la toxina-A. Su utilización
en pacientes resistentes a la toxina-A ha conseguido buenos resultados,
lo que habla a favor de distintas dianas en su mecanismo de acción.
En un futuro, la disponibilidad de varios tipos de toxina favorecerá
la posibilidad de cambio o rotación de los tratamientos, lo que
quizá permita evitar o retrasar el desarrollo de resistencias.
Desde hace tan sólo un par de meses la toxina de tipo B está
en disposición de los Hospitales españoles, y se ha iniciado
su utilización.
Existen dos preparaciones de toxina botulínica-A disponibles, Botox®
(primera comercializada y originaria de los EE.UU.) y Dysport® (disponible
desde poco más de dos años y comercializada en Europa).
Ambas difieren en su potencia, que se expresa en unidades. En la práctica,
y a partir de estudios comparativos, una unidad de Botox® es aproximadamente
equivalente a 3 unidades de Dysport®. Su utilización está
aceptada en el blefarospasmo, distonía cervical y distonía
laríngea, pero también es utilizada como alternativa más
eficaz en la distonía oromandibular, en la distonía de extremidades
y en el temblor distónico.
Para obtener un buen rendimiento terapéutico de la toxina botulínica
es importante realizar una correcta identificación clínica
de los músculos responsables del movimiento distónico. No
se ha comprobado un mayor beneficio de las infiltraciones realizadas con
guía electromiográfica, aunque es una buena opción
si la guía clínica es insuficiente o sólo se obtienen
respuestas parciales.
Los efectos adversos de la toxina suelen ser leves, secundarios a la parálisis
de los músculos inyectados, y transitorios. En la mayoría
de los casos son consecuencia de la utilización de dosis altas
o de la afectación de músculos contiguos por difusión
local de la toxina. En ocasiones los pacientes presentan resistencia al
tratamiento a largo plazo. El tema de la resistencia es controvertido
y discutido. Es cada vez más evidente que la tolerancia al tratamiento
puede deberse a la presencia de anticuerpos antitoxina circulantes en
una cantidad suficientemente capaz de bloquear su efecto clínico.
En los pacientes que presentan resistencia al tratamiento, los anticuerpos
se determinan con más frecuencia que en aquellos que continúan
con buena respuesta clínica.En la actualidad no es posible predecir
qué pacientes desarrollarán anticuerpos. Tampoco queda claro
la persistencia de los mismos tras la retirada del tratamiento y su reaparición
tras la reintroducción de la toxina. Entre los factores predisponentes
que pueden favorecer la aparición de resistencia se encuentra la
concentración y el volumen total de toxina inyectada y la frecuencia
de las infiltraciones.
Ante un paciente resistente a la toxina una de las alternativas es la
interrupción temporal del tratamiento. Otra opción es cambiar
de preparación de toxina-A. Las dos preparaciones existentes actualmente
en el mercado presentan distintos complejos moleculares asociados y parece
no existir resistencia cruzada entre ellas. También cabe la posibilidad
de utilizar otro serotipo de toxina ya que se ha comprobado la existencia
de especificidad antigénica para cada uno de ellos, es decir cada
serotipo actúa sobre diferentes estructuras celulares para conseguir
el bloqueo de liberación de acetilcolina. De momento para evitar
su aparición se recomienda utilizar la mínima dosis eficaz
posible y retrasar al máximo el tiempo entre las infiltraciones
(mínimo tres meses).
Tratamiento quirúrgico
La aplicación de técnicas quirúrgicas es una opción
reservada para casos de distonías generalizadas o segmentarias
graves y discapacitantes, que no presentan buen control sintomático
con los tratamientos médicos.
La rizotomía cervical o cirugía de descarga muscular se
ha empleado en distonías cervicales y algunas series con número
amplio de pacientes han conseguido buenos resultados. La palidotomía
bilateral se ha practicado en casos aislados de distonías generalizadas
con compromiso del tronco, con resultados más que esperanzadores,
aunque todavía es insuficiente la experiencia para justificar los
resultados a largo plazo. La cirugía sobre el núcleo tálamo
o talamotomía y la estimulación profunda de los núcleos
pálidos, son técnicas utilizadas en hemidistonías
y distonías segmentarias con resultados relativos en cuanto a la
clínica distónica, aunque con mayor éxito en el control
de síntomas asociados como el dolor. Sin embargo, hasta el momento
cuenta con series de pacientes poco extensas, lo que no permite conclusiones
válidas actualmente.
La realización conjunta de palidotomía y estimulación
palidal profunda puede constituir una buena alternativa para pacientes
con distonía refractaria al tratamiento médico. En una serie
reciente, la aplicación de palidotomía y estimulación
palidal profunda contralateral a la lesión consiguió una
mejoría promedio del 45% en la escala de Burke-Fahn-Mrsden, escala
utilizada para valorar la clínica en distonías generalizadas.
En nuestro grupo de trabajo hemos realizado estimulación palidal
bilateral en dos pacientes con torticollis distónica refractaria
al tratamiento y que presentaban severo dolor cervical. Se consiguió
una mejoría discreta en los síntomas distónicos aunque
se obtuvo una disminución considerable y duradera del dolor.
Estos resultados hacen tener esperanzas en las técnicas quirúrgicas.
El problema fundamental actualmente es conseguir conocer cuál es
la diana adecuada, es decir, cuál es el núcleo o núcleos
que deben ser abordados para obtener una mayor y más duradera mejoría.
Es la investigación clínica y el interés por parte
de los neurólogos dedicados a los trastornos del movimiento, la
vía imprescindible para conseguir solucionar los enigmas que rodean
a esta enfermedad. De esta manera cualquier actuación terapéutica
obtendrá mejores resultados, consiguiendo que el enfermo con distonía
no se vea incapacitado para realizar una vida plena. Para ello la colaboración
de los pacientes afectados y de sus familiares es crucial, y a ella nos
dirigimos en estas últimas palabras. El trabajo en común
siempre ha demostrado ser eficaz y fructífero. |