Guías de Práctica Clínica: ¿están basadas en la evidencia ? |
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Bandolier siempre ha mostrado
su interés en las Guías de Práctica Clínica
(GPC) y en su elaboración. Las GPC son una gran idea porque, en
teoría, deberían condensar las mejores evidencias y experiencias
disponibles sobre un determinado tema. Si así fuera, cualquier profesional
sanitario que las aplicara podría aspirar (dentro de unos límites
razonables) a estar realizando su práctica clínica al mismo
nivel que los mejores expertos en ese ámbito. En las páginas
web de Bandolier pueden encontrarse ejemplos
de buenas guías [1].
Variabilidad de las guíasEn realidad, las GPC se elaboran siguiendo metodologías diversas y existe una gran variabilidad en las recomendaciones realizadas por diferentes guías sobre un mismo problema. Un interesante ejemplo proviene de Newcastle y se refiere a las guías sobre anticoagulación en la fibrilación auricular disponibles en el Reino Unido [2].En 1996 se contactó con expertos y organizaciones de Inglaterra, Gales y Escocia -que fueran representativas tanto de los proveedores como de los usuarios del sistema sanitario- para identificar las GPC disponibles sobre este tema. Entre ellas se encontraban entidades oficiales del Sistema Nacional de Salud (NHS) a nivel regional y nacional, asociaciones profesionales e instituciones de beneficencia, y miembros de comités de audit clínico. Se consideraron como GPC todos aquellos documentos elaborados para ayudar a los clínicos a decidir qué pacientes debían recibir tratamiento anticoagulante. No se aceptaron ni borradores, ni documentos diseñados específicamente para unidades especializadas, ni materiales elaborados para monitorizar el tratamiento con warfarina. Cuando fue posible, se entrevistó a los autores de las guías empleando un cuestionario semiestructurado para identificar con exactitud la metodología de elaboración. Las guías seleccionadas se aplicaron
a 100 pacientes consecutivos de más de 65 años con fibrilación
auricular, identificados mediante una encuesta comunitaria. Además
se extrajo información relevante sobre factores de riesgo de accidente
cerebrovascular y sobre contraindicaciones del tratamiento.
ResultadosLa tasa de respuesta global fue del 66% (350/534) y se obtuvieron 48 documentos, de los cuales 20 cumplían los criterios de inclusión. Estos oscilaban entre una página y 28 páginas, estaban fundamentalmente dirigidos a médicos generales, y afectaban a poblaciones entre 12.000 y 500.000 pacientes.Estas guías no habían sido elaboradas de forma sistemática. La mitad de las guías había sido elaborada por un grupo pequeño de profesionales, y la otra mitad había sido elaborada por un solo autor. Aproximadamente la mitad de las guías había recibido algún tipo de colaboración externa, pero la cuarta parte no había sido sometida a ningún proceso de revisión. La distribución había sido errática y tan sólo una minoría habían sido presentadas a través de reuniones formativas. Tan sólo una guía estaba identificada explícitamente como "basada en la evidencia", en su elaboración habían participado colaboradores externos (un economista de la salud y un clínico); además había sido evaluada por revisores externos y adaptada localmente, y había tenido una extensa distribución apoyada en reuniones formativas para su diseminación. Cuando las guías seleccionadas se
aplicaron a los 100 pacientes del estudio, la indicación de tratamiento
anticoagulante variaba entre 13 y 100 pacientes (Figura 1). Sólo
un paciente habría recibido tratamiento según todas las guías,
pero todos los pacientes hubieran recibido tratamiento de acuerdo a las
recomendaciones de al menos dos guías (aunque no las mismas dos).
Los valores del INR considerados como metas terapéuticas oscilaban
entre 1,2-1,5 y 2,5-3,0.
Figura 1: Porcentaje de pacientes con indicación de anticoagulación según las guías de anticoagulación para la fibrilación auricular disponibles en el Reino Unido (aplicadas a 100 pacientes seleccionados). |
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Referencias |
Número |
Porcentaje del total de referencias |
Promedio de referencias por GPC |
| Referencias totales en 191 GPC | 4853 | 100 | 25.4 |
| Ensayo clínico aleatorizado | 393 | 8.1 | 2.1 |
| Revisión sistemática | 19 | 0.4 | 0.1 |
| Meta-análisis de ensayos clínicos aleatorizados | 23 | 0.5 | 0.1 |
| Meta-análisis de estudios epidemiológicos | 11 | 0.2 | 0.1 |
| Libros/folletos/prospectos/impresos | 719 | 14.8 | 3.8 |
| Resúmenes | 122 | 2.5 | 0.6 |
Figura 2: Porcentaje de referencias de ensayos clínicos aleatorizados (ECA) en 191 guías de práctica clínica según el año de publicación |
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Treinta y nueve guías
no citaban ninguna revisión sistemática o referenciaban menos
de dos ensayos clínicos aleatorizados. Dado que 30 guías
provenían de la revista Pediatrics, se seleccionaron aleatoriamente
10 guías, y se realizó una revisión secundaria de
19 de estas guías. Para 12 de las 19 guías se localizaron
ensayos clínicos relevantes no citados. El número de ensayos
clínicos no citados identificados osciló entre 1 y 194 dependiendo
del tema.
ComentarioLas guías de práctica clínica (GPC) son importantes y están proliferando. Pueden ser de ámbito individual, local, regional o nacional, y a menudo coexisten diferentes versiones de la misma guía. Las GPC deben ser actualizadas regularmente, y lo que es aún más importante, deberían estar basadas en la mejor evidencia científica disponible. Sin embargo, la evidencia demuestra que muchas, quizás la mayoría, no están basadas en la evidencia.De los dos trabajos comentados, uno evalúa
las guías específicas para una condición clínica
disponibles en el Reino Unido, y el otro analiza de forma genérica
las guías publicadas por las revistas médicas -provenientes
de los Estados Unidos en su mayoría. Ambos trabajos llegan a la
misma conclusión: cuando se evalúan críticamente,
las GPC no tienen la calidad que debiéramos exigirles. La revisión
griega [2] además valora los parámetros asociados a las "referencias
basadas en la evidencia" de las guías. Las que son financiadas por
los gobiernos y por las asociaciones profesionales son peores que las que
están financiadas por las universidades o por las empresas privadas
(léase industria farmacéutica). La moraleja final es que
no podemos confiar ciegamente en ninguna guía sin antes realizar
una valoración crítica sobre la metodología de elaboración
y sobre la evidencia que sustenta las recomendaciones
Referencias:
url original http://www.jr2.ox.ac.uk/bandolier/band102/b102-2.html |