En este documento de antecedentes se exponen diversas cuestiones relacionadas con la seguridad sanitaria internacional a fin de fomentar y encauzar los debates que se celebrarán en el evento mundial que tendrá lugar en Singapur el próximo 2 de abril para conmemorar el Día Mundial de la Salud 2007. Entre las cuestiones abordadas en este instrumento informativo para las actividades de sensibilización sanitaria en todo el mundo, cabe citar las enfermedades emergentes y de rápida propagación, los cambios ambientales, el peligro del bioterrorismo, las emergencias humanitarias repentinas e intensas causadas por los desastres naturales, los derrames de productos químicos o los accidentes nucleares, y el impacto del VIH/SIDA.
Las amenazas para la salud no tienen fronteras ( Documento del Dia Mundial de la Salud 7 de Abril 2007 OMS)
La globalización ha beneficiado a muchas personas en todo el mundo pues ha supuesto una mayor eficiencia del transporte y el comercio, pero también ha traído consigo la rápida propagación de enfermedades que de otro modo podrían haber quedado confinadas geográficamente, o que en otro tiempo se habrían extendido con la suficiente lentitud para poder ser controladas rápidamente.
En el mundo de hoy se requieren formas de acción coordinada y cooperación en y entre los gobiernos, el sector empresarial, la sociedad civil, los medios de información y los individuos para poder garantizar la seguridad sanitaria. Ninguna institución ni país posee toda la capacidad necesaria para responder a las emergencias de salud pública internacional causadas por epidemias, desastres naturales y emergencias ambientales, o por las enfermedades infecciosas nuevas y emergentes. Sólo detectando y notificando los problemas en sus primeras horas es posible desplegar los expertos y los recursos más apropiados para prevenir o detener la propagación internacional de las enfermedades.
Día Mundial de la Salud 2007: Invertir en salud para forjar un porvenir más seguro
El tema del Día Mundial de la Salud y el Informe sobre la salud en el mundo de 2007 es la "seguridad sanitaria internacional": la necesidad de reducir la vulnerabilidad de la población mundial a riesgos sanitarios nuevos, agudos o de rápida propagación, en particular a los que amenazan con traspasar las fronteras internacionales.
En un mundo globalizado, los problemas sanitarios plantean nuevos retos que rebasan las fronteras nacionales y repercuten en la seguridad colectiva en todo el mundo.
Una mayor colaboración entre los países desarrollados y en desarrollo permitirá a la comunidad internacional prepararse mejor para fortalecer los medios nacionales de detección de los brotes epidémicos y de respuesta a los mismos. Se constituirá así una red de seguridad mundial para abordar aspectos clave de la salud pública transfronteriza y, de ese modo, ayudar a hacer el mundo más seguro.
En este documento se presentan a un público mundial algunas cuestiones clave de la seguridad sanitaria internacional a fin de estimular el debate entre gobiernos, líderes comunitarios, la sociedad civil, el sector empresarial y organismos de las Naciones Unidas para determinar la mejor manera de proteger a las personas de las amenazas nuevas y agudas para su salud.
En el Informe sobre la salud en el mundo 2007, que se publicará más adelante este año, se examinará más detalladamente la seguridad sanitaria internacional y se ofrecerán soluciones para reducir nuestra vulnerabilidad colectiva.
En 2008, el Informe sobre la salud en el mundo y el Día Mundial de la Salud se dedicarán a la seguridad sanitaria personal, y se centrarán fundamentalmente en la atención primaria y en la respuesta humanitaria a los desastres naturales y las emergencias complejas. La seguridad sanitaria personal abarca tanto la atención que necesitan los individuos como la confianza de éstos en que tendrán acceso a los medicamentos, vacunas y tratamientos requeridos, no sólo para sus necesidades agudas, sino también para epidemias arraigadas y enfermedades crónicas. Esto es un tema importante que merece plena atención y que debe ser objeto de debate por sí mismo.
Cuestión 1: enfermedades emergentes
En enero de 2004, las medidas de vigilancia intensificada permitieron detectar un conglomerado de niños de corta edad afectados por una enfermedad respiratoria grave en un hospital infantil de Hanoi, Viet Nam, muchos de los cuales habían muerto.1 Ese evento marcó la aparición de los primeros casos humanos de gripe aviar H5N1 fuera de China, Región Administrativa Especial de Hong Kong. Desde entonces, el mundo ha estado en constante alerta por una posible pandemia de gripe.
Sumamente contagiosa, una pandemia de gripe podría extender las devastadoras consecuencias que tuvo el SRAS a todos los rincones del mundo en pocas semanas o meses.
Como las nuevas enfermedades se deben en parte a los grandes cambios que el hombre está introduciendo en su manera de habitar el planeta, cabe pensar que la aparición de enfermedades nuevas es un fenómeno que persistirá o incluso se agravará.
En las últimas décadas del siglo XX empezaron a aparecer enfermedades nuevas a razón de una o más por año, un ritmo sin precedentes. Entre 1973 y 2000 se identificaron 39 agentes infecciosos nuevos capaces de causar enfermedades humanas.2 Y un hecho aún más preocupante es que la tasa de fracaso de los medicamentos debido a la aparición de resistencia microbiana ha aumentado más rápidamente que los descubrimientos científicos de nuevos fármacos capaces de reemplazarlos.
El peligro de que las nuevas enfermedades a las que existe vulnerabilidad universal causen estragos a nivel internacional significa que los países ya no podrán manejar ciertos tipos de brotes como si fueran un asunto estrictamente nacional. La noción de soberanía nacional absoluta se ha visto cuestionada por esos eventos y por la necesidad de asegurar la defensa colectiva contra la amenaza de las enfermedades emergentes.
La posible incapacidad de los países afectados para implicarse plenamente en la vigilancia y mantener un sistema de respuesta de emergencia durante meses, si no años, en el caso de una pandemia grave es el obstáculo más importante para garantizar la seguridad sanitaria internacional.
Principales puntos de debate:
• Las enseñanzas extraídas del SRAS y de otros brotes epidémicos deberían aprovecharse para fortalecer la preparación nacional y mundial contra la próxima emergencia causada por una enfermedad infecciosa.
• La creación de capacidad en los países en desarrollo debe hacerse de forma práctica, considerando las necesidades del país, y mediante fórmulas de colaboración.
• Es necesario apuntalar la fuerza de los numerosos interesados directos -gobiernos, organizaciones internacionales, sector empresarial, sociedad civil- a fin de mejorar la capacidad de respuesta mundial.
Más información en:
http://www.who.int/topics/emerging_diseases/en/
http://www.who.int/csr/disease/influenza/en/
Cuestión 2: estabilidad económica
La creciente integración económica mundial ha mitigado la pobreza considerablemente en muchos países de bajos ingresos de todo el mundo. No obstante, el mayor acceso a productos comerciales y bienes públicos trae consigo la exposición a "malos" públicos mundiales, como el transporte internacional de alimentos deteriorados, los mercados negros o la propagación de enfermedades. La libertad real de comercio e inversión y la intensificación de esas actividades deben acompañarse de medidas de vigilancia y de una buena gobernanza para evitar algunos efectos perjudiciales para la salud que pueden verse amplificados por la globalización.
El SRAS no llegó a convertirse en una pandemia mundial, pero causó pérdidas económicas considerables y gran inseguridad en los mercados de Asia y de todo el mundo. Con menos de 10 000 casos, sólo en el segundo trimestre de 2003 el brote les costó a los países asiáticos unos US$ 60 mil millones en concepto de gastos brutos y pérdidas empresariales.3 Una pandemia virulenta de gripe puede provocar un número impredecible de muertes y muchos más enfermos. Se considera que el ritmo actual de producción y acumulación de reservas de vacunas y medicamentos es insuficiente en todos los países, sobre todo en los países en desarrollo. La magnitud de la mortalidad y de los casos de discapacidad temporal podría tener grandes repercusiones en los mercados internacionales y causaría un rápido aumento del gasto en atención sanitaria y una disminución sustancial de la productividad de los trabajadores.
Los "malos" públicos mundiales tienen consecuencias no sólo sanitarias, sino también económicas. Controlar la propagación internacional de las enfermedades constituye por tanto una práctica adecuada tanto para las economías como para las personas que ven peligrar su salud.
Principales puntos de debate:
• La salud pública es un bien público mundial.
• La voluntad política y el compromiso financiero son determinantes importantes de la salud en todo el mundo. Los gobiernos y los donantes deben dedicar más prioridad e inversiones a la salud pública.
• La OMS, la Organización Mundial del Comercio, los gobiernos y el sector privado deben colaborar como asociados para garantizar el suministro de medicamentos y servicios cuando surjan amenazas y necesidades agudas, teniendo en cuenta acuerdos internacionales como el relativo a los ADPIC y el AGCS.
Más información en:
http://www.who.int/topics/globalization/en/
http://www.who.int/csr/disease/influenza/en/
Cuestión 3: crisis internacionales y emergencias humanitarias
Las emergencias humanitarias son el resultado de crisis tales como desastres naturales, escaseces de alimentos y de agua y conflictos armados. Al igual que causan daños personales, estas situaciones pueden dañar los ya saturados sistemas de salud, de los que depende la gente para su seguridad sanitaria.
Efectos indirectos de esas crisis son la amenaza de enfermedades infecciosas, la malnutrición, los desplazamientos de población, las enfermedades mentales y la exacerbación de las enfermedades crónicas, todos los cuales exigen sistemas de salud robustos.
En los casos de desastre natural, los sistemas coordinados de alerta anticipada y respuesta, apoyados por redes capaces de reunir a gran cantidad de profesionales de la salud pública y voluntarios, así como vacunas, suministros y dinero, permiten mitigar eficazmente los problemas de las personas más afectadas.
En 2006 los desastres naturales afectaron a 134,6 millones de personas y causaron 21 342 muertes.4 Sin embargo, con unas políticas y una preparación adecuadas, es posible sobrevivir a los huracanes, maremotos e inundaciones. Las causas fundamentales de las emergencias que suceden a los desastres naturales se deben buscar a menudo en la ordenación de las tierras, la infraestructura y las políticas de desarrollo. ¿A cuántos habitantes de Nueva Orleans se podría haber salvado si los diques no se hubieran roto tras el paso del huracán Katrina? ¿Cuántas familias no habrían tenido que buscar a sus seres queridos en las zonas costeras de Sri Lanka si hubiera habido en funcionamiento un sistema de alerta anticipada eficaz y la gente hubiese sabido qué hacer al oírlo?
También es posible tener en cuenta las repercusiones sanitarias a la hora de elaborar las políticas nacionales y externas para resolver los problemas antes de que se manifiesten. Unos sistemas seguros de abastecimiento de agua y saneamiento, por ejemplo, mejoran la salud de las comunidades en los tiempos de calma y protegen frente a la posible propagación de enfermedades en los tiempos de crisis.
Las estrategias de preparación para las situaciones de desastre, unidas a las operaciones de respuesta humanitaria, deberían permitir mitigar de forma equilibrada el impacto negativo de los desastres naturales. Ambas exigen planificación, colaboración y coordinación de las funciones de los diversos sectores implicados.
Principales puntos de debate:
• La infraestructura, la ordenación de la tierra y las políticas de desarrollo que tienen en cuenta la salud pública constituyen poderosas armas para prevenir las tremendas emergencias humanitarias causadas por los desastres naturales.
• El objetivo de responder a las necesidades de salud y bienestar inmediatas de la población no debe socavar los esfuerzos de preparación y gestión del riesgo ante futuras crisis potenciales, y viceversa.
• En las situaciones de respuesta humanitaria a desastres naturales y conflictos, la ayuda de los donantes debe coordinarse y gestionarse de manera que satisfaga tanto las necesidades humanitarias urgentes como las de rehabilitación a más largo plazo.
Más información en:
http://www.who.int/diseasecontrol_emergencies/en/
http://www.who.int/hac/crises/en/
http://www.who.int/water_sanitation_health/hygiene/emergencies/sanitation/en/
Cuestión 4: amenazas químicas y radiactivas y bioterrorismo
Para gran parte del mundo, vivir en el siglo XXI no se concibe sin los procesos de tratamiento químico y las centrales nucleares. La seguridad sanitaria pública, a su vez, depende de la seguridad de esas instalaciones y del uso que se haga de sus productos. La amenaza de derrames, fugas y vertidos químicos, de fusión del núcleo de centrales atómicas y de uso de armas químicas evoca imágenes de ataques por sorpresa o accidentes, con víctimas inocentes, causados con intenciones criminales o por negligencia, y provocan un temor a veces desproporcionado en comparación con el riesgo real.
La mayoría de los países han suscrito convenios internacionales que prohíben las armas biológicas y químicas. Sin embargo, incidentes como los causados por las cartas con carbunco enviadas por correo en los Estados Unidos en 2001 o la liberación de sarín (cuyo único uso posible es como gas neurotóxico) en el metro de Tokio en 1995 nos recuerdan que, si bien los ataques químicos y biológicos son raros, hay individuos y grupos dispuestos a emplear esas formas de terrorismo.
Los eventos químicos y radiactivos se incluyen de forma sistemática entre las actividades diarias de vigilancia mundial emprendidas por la OMS y son detectados automáticamente por la GPHIN, una red electrónica de recopilación de información que opera como gran aliado en la detección de eventos que de otro modo pasarían desapercibidos. Las redes de respuesta mundial están bien situadas para responder a los efectos sanitarios de los incidentes químicos y radiactivos con las mismas técnicas utilizadas en cualquier desastre: respuesta inmediata, triaje y tratamiento, y suministro de agua, alimentos y sistemas de saneamiento.
Lo que más preocupa son las posibles causas de esos incidentes químicos y radiactivos. El término accidente sugiere que nadie es responsable, pero las investigaciones revelan a menudo deficiencias de las políticas, los protocolos o la infraestructura. Los ataques son premeditados, pero eso no significa necesariamente que no sean prevenibles.
Principales puntos de debate:
• Los sistemas de vigilancia mundial deben ser receptivos a la información que permita detectar las fugas químicas y radiactivas.
• Se requieren fórmulas de colaboración mundiales para reducir al mínimo la amenaza de ataques deliberados.
• Las técnicas empleadas para responder a los brotes epidémicos y los desastres naturales también pueden utilizarse para afrontar el impacto sanitario de esos incidentes.
Más información en:
Cuestión 5: cambios ambientales
El clima de la tierra está cambiando. Están aumentando las temperaturas; las tormentas tropicales son cada vez más frecuentes e intensas; los casquetes polares y el permafrost están derritiéndose.5 Y están muriendo muchas personas: más de 60 000 en los últimos años de resultas de desastres naturales relacionados con el clima, sobre todo en los países en desarrollo.6
En las tierras altas de África se están registrando con más regularidad brotes de malaria tras los fenómenos meteorológicos provocados por El Niño.7 La intensificación de las olas de calor causa sequías persistentes que ponen en peligro los cultivos comerciales y alimentarios, los rebaños y los modos de vida nómadas, y que pueden dar lugar a escaladas de violencia. Las inundaciones pueden provocar la contaminación de los sistemas de abastecimiento de agua, obligar a la gente a abandonar sus hogares y tierras, y originar nuevos criaderos de vectores transmisores de enfermedades. Las temperaturas más cálidas alteran los hábitos migratorios de las aves salvajes, y eso puede hacer más impredecible la propagación de los virus de que son portadoras, como el H5N1.
La comunidad científica ha llegado a la conclusión de que parte del problema radica en la actividad humana.5 Aunque el impacto agudo de los eventos relacionados con el cambio climático sea local, sus causas son mundiales. Cuando las inundaciones provocan la contaminación de aguas internacionales, cuando se producen migraciones transfronterizas de poblaciones que buscan alimentos y cobijo, cuando la epidemiología de una enfermedad varía como consecuencia de la alteración del clima, las repercusiones tienen alcance internacional.
Las soluciones al impacto del calentamiento mundial y los cambios ambientales sólo pueden ser fruto de la colaboración y el compromiso entre gobiernos, empresas, fundaciones y organizaciones no gubernamentales. Para hacer frente a esos cambios se requerirán decisiones de política que modificarán la manera de vivir y trabajar de las personas y las empresas. Así pues, ¿cómo puede contribuir la salud pública a la mejora de la prevención?
Principales puntos de debate:
• Las amenazas más graves para la salud atribuibles al cambio climático se están dando en los países en desarrollo, que tienen una responsabilidad limitada en esos fenómenos y unos recursos igualmente limitados para hacer frente a sus efectos en la salud y la infraestructura.
• La OMS, los ministerios de salud y el sector sanitario en general tienen distintos papeles que desempeñar para alentar a los países a adoptar políticas de conservación ambiental, como las del Protocolo de Kioto.
• Los cambios ambientales y climáticos tienen un impacto creciente en la salud, pero las políticas sanitarias no bastan por sí solas para evitar esos cambios.
Más información en:
http://www.who.int/globalchange/en/
http://www.who.int/heli/risks/climate/climatechange/en/index.html
http://www.who.int/topics/climate/en/
Cuestión 6: el SIDA como desencadenante del debate sobre salud y seguridad
En enero de 2000 el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas dedicó un periodo de sesiones de un día de duración al VIH/SIDA en África. Por primera vez, una enfermedad infecciosa era objeto de debate en ese foro como una posible amenaza para la paz y la seguridad internacionales. Estaba claro que la agenda de la seguridad debía ampliarse para abarcar nuevas pandemias (epidemias que se propagan a nivel mundial), así como la aparición de cepas farmacorresistentes de parásitos, virus y bacterias que plantean nuevas amenazas para la salud mundial.
Con unas tasas de infección en la población de 15 a 49 años que a la sazón rozaban o superaban el 30% en algunos países del África subsahariana8, y sin avistarse el final de la epidemia, se consideró también la posibilidad de que la enfermedad condujera a los Estados más frágiles al borde del colapso.
Las graves consecuencias sociales y económicas de la infección por VIH/SIDA obligaban a preocuparse por las implicaciones para la seguridad personal tanto en los países cuyos sistemas de atención sanitaria están luchando para atender esa y otras necesidades de salud agudas y crónicas como, hasta cierto punto, en aquellos en que el VIH/SIDA se ha convertido en una enfermedad manejable gracias a un acceso fiable y asequible al tratamiento.
El hecho de que el Consejo de Seguridad celebrara ese debate demuestra que existe una honda preocupación política ante la posibilidad de que un virus que está causando estragos y un sufrimiento humano incalculable ponga en peligro la seguridad internacional, quizá tanto como las armas de destrucción masiva, los ejércitos invasores y los grupos de combatientes.
Ese debate permitió asimismo empezar a enfocar la salud en general desde una nueva perspectiva atenta a la vulnerabilidad universal. La salud pública dejó de considerarse como algo sin mayor interés para la seguridad o como su subproducto, y pasó a ser un componente esencial de la misma. En la actualidad, las enfermedades emergentes y las que se han hecho resistentes, como la gripe aviar y la tuberculosis extremadamente farmacorresistente, confirman esa idea con la misma contundencia que el VIH/SIDA hace siete años.
Principales puntos de debate:
• El VIH/SIDA sigue siendo una amenaza para la seguridad sanitaria personal en muchos países en desarrollo que están luchando para ofrecer acceso a los medicamentos antirretrovirales, si bien se ha convertido en una epidemia crónica manejable en muchas otras partes del mundo.
• Es preciso coordinar y racionalizar los esfuerzos encaminados a tratar y prevenir la infección por VIH a fin de optimizar su impacto.
• Los profesionales y las instancias normativas que actúan en las esferas de la salud pública, la política exterior y la seguridad nacional deben mantener un diálogo abierto sobre el SIDA y otras enfermedades y prácticas que pueden representar una amenaza para la seguridad sanitaria nacional e internacional.
Más información en:
http://www.who.int/topics/hiv_infections/en/
http://www.un.org/News/Press/docs/2000/20000110.sc6781.doc.html
http://www.who.int/tb/xdr/en/index.html
Cuestión 7: fomentar la seguridad sanitaria
En el mundo globalizado en el que vivimos, es de interés común prevenir la propagación internacional de las enfermedades. En los últimos decenios las enfermedades se han propagado más rápidamente que nunca, ayudadas por los viajes a gran velocidad y el comercio de bienes y servicios entre países y continentes. Esa rápida propagación sólo puede prevenirse si existe un sistema de alerta y respuesta inmediata a los brotes epidémicos y otros incidentes que pueden desencadenar epidemias o propagarse a nivel mundial.
El marco de colaboración establecido mediante el Reglamento Sanitario Internacional (RSI) y otras redes de vigilancia en funcionamiento proporciona un sistema eficaz de alerta anticipada y respuesta. El RSI pretende garantizar la máxima protección contra la propagación internacional de las enfermedades con una mínima perturbación del comercio y los viajes.
Para ello, el Reglamento exige a los países que notifiquen cualquier "evento de salud pública de importancia internacional"9 que se produzca en su territorio. El alcance y la definición de esos eventos se han expresado deliberadamente en términos generales e inclusivos, para que se puedan identificar y notificar tanto las amenazas nuevas emergentes como las amenazas ya existentes para la salud.
Cuando la OMS recibe una notificación oficial o tiene conocimiento de un rumor sobre un evento, se inicia de inmediato una investigación y se despliegan los equipos de respuesta que sean necesarios mediante la Red Mundial de Alerta y Respuesta ante Brotes Epidémicos (GOARN). Desde su creación en 2000, los asociados de la GOARN han proporcionado conocimientos especializados y apoyo técnico para hacer frente a 90 eventos de importancia internacional, con más de 500 expertos que prestan apoyo directo sobre el terreno a unos 40 países. Además de los éxitos habituales cosechados en la prevención de brotes extensos de enfermedades como la meningitis, la fiebre amarilla y el cólera, la red contribuyó a controlar el brote de SRAS de 2003.
La colaboración entre los Estados, especialmente entre los países desarrollados y los países en desarrollo, para asegurar la disponibilidad de recursos técnicos y de otro tipo es un factor crucial no solo para aplicar el Reglamento, sino también para crear y reforzar la capacidad de salud pública y las redes y los sistemas que refuerzan la seguridad sanitaria internacional.
Principales puntos de debate:
• La observancia nacional del RSI optimizará la seguridad sanitaria internacional.
• Los brotes epidémicos deben notificarse con prontitud y sin dilación.
• La colaboración entre los países y a través de las redes debe traducirse en la creación de capacidad técnica.
Más información en:
http://www.who.int/csr/ihr/en/
http://www.who.int/csr/outbreaknetwork/en/
Cuestión 8: reforzar los sistemas de salud
Unos sistemas nacionales de salud operativos son la base de la seguridad sanitaria internacional. Su función es ofrecer la máxima protección y atención posible a toda la población. Son también la primera línea de vigilancia de las enfermedades, tanto infecciosas como crónicas. La mayoría de las enfermedades no causan lo que se conoce por "emergencias de salud pública de importancia internacional", pero cuando surge una enfermedad que sí plantea tal amenaza las medidas de alerta y respuesta requeridas para prevenir la propagación exigen un sistema de salud dotado de suficientes recursos y personal.
En 2003, una enfermedad nueva y muy infecciosa consiguió arraigar en algunas partes de Asia y se propagó por todo el mundo en cuestión de días. El SRAS no desapareció de manera gradual. Gracias a las enérgicas medidas de salud pública adoptadas y a una buena coordinación, la enfermedad fue erradicada deliberadamente de su nuevo huésped humano antes de que pudiera instalarse en él de forma permanente, lo que representó un logro sin precedentes para la salud pública a escala mundial.
Las enfermedades emergentes someten a una dura prueba a cualquier sistema de salud. La respuesta al SRAS, en particular en los entornos con pocos recursos, demuestra la gran eficacia que pueden tener las medidas de salud pública como respuesta a las nuevas amenazas. Sin embargo, no todos los países disponen de los recursos o los sistemas de salud pública requeridos para articular una respuesta tan eficaz.
Algunos países tendrían dificultades para afrontar eficazmente las amenazas para la seguridad sanitaria. Ello puede deberse a la falta de los recursos necesarios, al hecho de que su infraestructura sanitaria se haya desmoronado como consecuencia de la falta de inversión y de la escasez de trabajadores sanitarios capacitados, o a que la infraestructura se haya visto dañada o destruida por conflictos armados o desastres naturales.
Principales puntos de debate:
• Los sistemas de salud sólidos fomentan la seguridad sanitaria internacional.
• En general, el estado actual de los sistemas de salud en el mundo es inadecuado.
• Los gobiernos, la OMS, las organizaciones internacionales, las empresas privadas y la sociedad civil son todos partes interesadas en el fortalecimiento de los sistemas de salud y tienen responsabilidad en ello.
Más información en:
http://www.who.int/topics/health_systems/en/
http://www.who.int/csr/sars/en/index.html
Conclusión
El objetivo de este documento y del Día Mundial de la Salud es propiciar un debate mundial sobre la seguridad sanitaria internacional. Cuando las amenazas para la salud adquieren tal magnitud que ponen en peligro la infraestructura y el sistema de salud de un país y constituyen un riesgo para los de sus vecinos, sólo una visión global de la salud compartida por todos los países y promovida por la OMS puede generar confianza y mejorar la seguridad sanitaria internacional.
La capacidad de cada nación para prevenir y gestionar las emergencias de salud pública y participar en las iniciativas conjuntas con otros países es de vital importancia para reducir la vulnerabilidad a la amenazas sanitarias, aumentar la seguridad sanitaria internacional, ampliar las alianzas y crear relaciones diplomáticas. Así, el manejo de la salud pública en un marco de solidaridad mundial colectiva redunda en beneficio de la seguridad de todas las naciones.
El camino hacia la salud no pasa por la construcción de fortalezas nacionales. El refuerzo de los sistemas de salud a nivel mundial es una medida altruista dirigida a los necesitados que al mismo tiempo sirve a los intereses nacionales de reducir la vulnerabilidad a los riesgos sanitarios internacionales.
Si todos los interesados directos -países, organizaciones internacionales, sociedad civil y sector privado- colaboran eficazmente para abordar los retos de la salud pública mundial, ya se trate de una pandemia o del acceso a medicamentos, vacunas y otros bienes de salud pública, el mundo puede convertirse en un lugar más seguro y saludable.
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1 WHO. Avian influenza A(H5N1) in humans and poultry in Viet Nam. Geneva, WHO, 2004 (http://www.who.int/csr/don/2004_01_13/en/index.html).
2 Heymann DL. Emerging infections. In: Schaechter M, ed. The desk encyclopedia of microbiology. New York City: Elsevier/Academic Press, 2003.
3 Rossi V, Walker J. Assessing the economic impact and costs of flu pandemics originating in Asia. Oxford, Oxford Economic Forecasting, 2005.
4 Centre for Research on the Epidemiological Impact of Disasters. 2006 Disasters in numbers. http://www.emdat.net/documents/Confpress%202006.pdf
5 Intergovernmental Panel on Climate Change. Climate Change 2007: The Physical Science Basis – Summary for Policy Makers. Paris, February 2007. http://www.ipcc.ch/SPM2feb07.pdf
6 McMichael A, Campbell-Lendrum DH, Corvalán C, Ebi K, Githeko A, Scheraga J et al., eds. Climate Change and Human Health: Risks and Responses. Geneva, WHO, 2003.
7 Pascual M, Ahumada JA, Chaves LF, Rodo X, Bouma M. Malaria resurgence in the East African highlands: temperature trends revisited. Proc Natl Acad Sci USA 2006;103(15):5829-34.
8 UNAIDS. AIDS in Africa - Country by country. Geneva, UNAIDS, 2000 http://data.unaids.org/Publications/IRCpub05/AIDSAfrica2000_en.pdf
9 Reglamento Sanitario Internacional (2005). Ginebra, Organización Mundial de la Salud, 2005 (http://www.who.int/csr/ihr/en/).
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