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La blogosfera sanitaria hispana
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11 feb 14 ¿EPOC o epoc?

     El pasado 13 de noviembre, en vísperas del Día Mundial de la EPOC, la Fundación del Español Urgente (Fundéu), nos sorprendió a muchos con una llamativa recomendación urgente del día, que llevaba por título «epoc, en redonda y con inicial minúscula», y decía, entre otras cosas, lo que sigue (el subrayado es mío):

La sigla EPOC, que responde a enfermedad pulmonar obstructiva crónica, puede considerarse ya un término común, como sida, por lo que es adecuado escribirla en minúsculas, epoc. El nuevo nombre común establecido por el uso, epoc, forma su plural añadiendo una ese, epocs […]. Sin embargo, […] se pueden ver noticias en los medios como “En España, se estima que la Epoc afecta a un 10,2 % de la población entre 40 y 80 años” o “Se prevé que en 2030 el EPOC será la tercera causa de muerte en el mundo, por delante de los accidentes vehiculares y el cáncer”. En estos ejemplos, teniendo en cuenta que epoc puede considerarse ya un nombre común […], lo más apropiado habría sido escribir “En España, se estima que la epoc afecta a un 10,2 % de la población entre 40 y 80 años” y “Se prevé que en 2030 la epoc será la tercera causa de muerte en el mundo, por delante de los accidentes vehiculares y el cáncer”.

     Dos errores graves, creo, cometió la Fundéu al escribir esa nota. El primero es confundir una mera preferencia personal con el nombre establecido por el uso. Puedo entender que la Fundéu considere adecuado lexicalizar la sigla EPOC a epoc; puedo entender incluso que a título personal la defiendan o la consideren preferible; pero lo que no cabe admitir, bajo ningún concepto, es esa afirmación de que «el nombre común establecido por el uso» sea epoc, todo en minúsculas. Es rotundamente falso: hoy por hoy, el uso mayoritario, tanto entre médicos como en el uso culto general, es claramente la forma siglada EPOC. ¿O volvemos otra vez a las andadas, en el entorno académico, de primar los gustos personales sobre el uso claramente mayoritario?

     El segundo error consiste, me parece, en considerar que las variantes gráficas aceptadas en el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) tienen preferencia oficial con respecto a las que han quedado fuera. Suele ser así, ciertamente, en la mayor parte de los casos; pero no en lo tocante a términos que la planta lexicográfica del DRAE excluye expresamente, como sucede con los nombres propios y las siglas. No entraré aquí a debatir si hace bien o mal la RAE dejando fuera de su diccionario ambas categorías (aunque no estará de más recordar que los grandes diccionarios normativos o de referencia en otras lenguas sí registran siglas). Lo que quiero decir es que, por las restricciones que le impone su propia planta, el único modo que tiene la RAE de dar cabida en su diccionario normativo a términos tan frecuentes como ONG, CD-ROM o, ya en el ámbito médico, TAC y UVI, es dando acogida a sus respectivas formas lexicalizadas (¡y muy minoritarias!) oenegé, cederrón, tac y uvi. Lo cual no quiere decir —¡por supuesto que no!— que la RAE considere preferibles las segundas, ni mucho menos incorrectas las primeras. El hecho de que la RAE dé entrada en su diccionario a la forma lexicalizada epoc y deje fuera la forma siglada EPOC (como deja fuera otras siglas, acrónimos, símbolos y abreviaturas) no quiere decir que la sigla EPOC sea incorrecta; de hecho, esta última es la grafía recomendada en español por la Real Academia Nacional de Medicina en su Diccionario de términos médicos.

     Diga lo que diga la Fundéu, pues, en los ejemplos de su nota lo más apropiado hubiera sido escribir «En España, se estima que la EPOC afecta a un 10,2 % de la población entre 40 y 80 años» y «Se prevé que en 2030 la EPOC será la tercera causa de muerte en el mundo». Que es como lo escriben, en realidad, casi todos los médicos de habla hispana que conozco, igual en España que en América.

Fernando A. Navarro

11 oct 13 EE.UU.: ¿sigla o abreviatura?

 

     Escribe José Antonio de la Riva, en relación con una entrega anterior sobre el plural de las siglas: «Puntualizo, simplemente, que CC.AA., CC.OO. y el resto de ejemplos del primer párrafo en rigor no son siglas, sino abreviaturas obtenidas por truncamiento y que, aunque con frecuencia no se ponga, deben llevar espacio entre el primer término y el segundo: CC. AA., CC. OO., etc. Lo que determina que formen el plural de esta manera es que los términos se abrevian con una sola letra.»

     ¿Es EE.UU. una sigla bilítera en plural o dos abreviaturas unilíteras seguidas, ambas en plural? No es fácil asegurarlo con certeza, pero yo tiendo a pensar que más bien lo primero, pues actualmente no veo a nadie abreviar «Reino Unido» a R. U. (con un espacio de separación), sino más bien a RU (forma siglada); y también «Estados Unidos de América» se abrevia habitualmente a EUA (forma siglada), en lugar de EE. UU. A. Por lo mismo, si nadie en España abrevia «comunidad autónoma» a C. A. (dos abreviaturas unilíteras: con espacio de separación), sino que todo el mundo lo hace a CA (sigla bilítera: sin puntos ni espacio de separación), parece lógico pensar que CC.AA. (comunidades autónomas) corresponde a la sigla plural de CA en lugar de a la abreviatura plural de C. A.

      Es cierto, sí, que la Real Academia Española (RAE) afirma actualmente que EE. UU. y otras formas abreviadas por el estilo son abreviaturas, y no siglas; pero posiblemente lo hace así para no tener que admitir que las siglas, todavía en pleno siglo XXI, pueden escribirse en ocasiones con el punto abreviativo que en su origen llevaban.

     Las siglas, en efecto, fueron en sus inicios un modo especial de abreviación, por suma de las iniciales abreviadas de las distintas palabras que formaban un término compuesto. Y antiguamente era muy frecuente encontrar —en español como en otras lenguas— las siglas escritas con puntos abreviativos[1]. No me refiero solo a siglas clásicas como S.P.Q.R, I.N.R.I. y R.I.P., sino también a siglas modernas como C.N.T., F.A.I. y O.N.U.

     Con el tiempo, el uso del punto abreviativo fue definiéndose en tipografía: las abreviaturas, con punto abreviativo; las siglas y los símbolos, sin él. Pero se mantuvieron dos usos residuales del punto abreviativo en las siglas:

a) Para marcar el plural por duplicación en las siglas de dos letras, como EE.UU., JJ.OO. y CC.OO. El motivo era obvio: evitar el riesgo de confusión entre siglas cuatrilíteras y siglas bilíteras en plural con idénticas letras, como AATT (anticuerpo antitoxoide tetánico) y AA.TT. (accidentes de trabajo), CCSS (Caja Costarricense del Seguro Social) y CC.SS. (cuadrantes superiores), EECC (extracción extracapsular del cristalino) y EE.CC. (ensayos clínicos), EEPP (Escuela Española de Psicoterapia y Psicoanálisis) y EE.PP. (enfermedades profesionales), MMAA (minimicroagregados de albúmina) y MM.AA. (medicinas alternativas), MMCC (mielomeningocele cervical) y MM.CC. (medios de cultivo), PPAA (pie plano adquirido del adulto) y PP.AA. (primeros auxilios), PPCC (programa de prevención del cáncer colorrectal) y PP.CC. (pares craneales), o RRAA (residuos radioactivos de alta actividad) y RR.AA. (reflejos abolidos). Hoy hay quienes, siguiendo a la RAE, escriben EE. UU. (con espacio de separación) y hay también quienes se resisten a considerarlo dos abreviaturas seguidas, pues perciben claramente una sigla bilítera plural, pero eliminan el punto abreviativo y escriben EEUU todo junto. Yo prefiero seguir escribiendo EE.UU., como sigla en plural que duplica las dos letras integrantes y conserva el antiguo punto abreviativo.

b) Cuando una sigla aparece escrita dentro de un título o un encabezado todo en mayúsculas. Se admitía, por ejemplo, que la sigla SED (Sociedad Española del Dolor) podía escribirse con puntos abreviativos en un titular como PRIMER CONGRESO DE LA S.E.D., para evitar confusiones peligrosas con un PRIMER CONGRESO DE LA SED sobre los mecanismos fisiológicos de regulación de la sed. A mi modo de ver, es una segunda excepción bien justificada, pero la RAE parece ser poco amiga de las excepciones, porque en la reforma ortográfica de diciembre de 2010 eliminó también estos puntos abreviativos[2].

Fernando A. Navarro

[1] Copio del Manual de estilo de la lengua española (Gijón: Trea) de José Martínez de Sousa: «Tradicionalmmente [las siglas] se habían escrito con mayúsculas y puntos, separando sus letras con espacios o sin ellos: O. N. U., O.N.U.». Posteriormente se eliminaron los puntos y los espacios: ONU».

[2] Copio de la nueva Ortografía académica: «En la actualidad, las siglas se escriben sin puntos ni blancos de separación, incluso cuando se integran en textos escritos enteramente en mayúsculas».

22 may 13 El plural de las siglas

 

     Como hemos comentado ya en otra ocasión, las siglas españolas cuyo enunciado tiene únicamente dos palabras forman el plural mediante duplicación de ambas iniciales. Es el caso, por ejemplo, de CC.AA. (comunidades autónomas), CC.OO. (Comisiones Obreras), EE.UU. (Estados Unidos), FF.AA. (Fuerzas Armadas) y JJ.OO. (Juegos Olímpicos) en el lenguaje general; o de EE.CC. (ensayos clínicos), EE.SS. (extremidades superiores), FF.NN. (fosas nasales), PP.CC. (pares craneales) y RR.CC. (ruidos cardíacos) en el lenguaje médico.

       Para el resto de las siglas, la norma tradicional en nuestra lengua es que sean invariables en número, y su plural se indique con ayuda del artículo: los ADN, los AINE, los ECG, las ETS, los IMAO, los MIR, las PFH y los TAC, por ejemplo.

       Por influencia del inglés —idioma en el que las siglas forman el plural de forma regular, como cualquier otro sustantivo, simplemente añadiendo una s al final—, empiezan a alzarse ya voces que piden también para nuestra lengua la misma solución del inglés. Así se expresa, por ejemplo, Javier Bezos en su influyente Tratado de tipografía y notaciones científicas: «Para formar el plural de las siglas, la s que se añade ha de ser minúscula, para que se vea con claridad que no es parte de ella: los SGBDs, PCs de oferta, congreso de ONGs. Aunque la Real Academia Española rechaza la formación del plural en las siglas […], en escritos científicos la falta de precisión que puede aparecer por esta norma aconseja […] formar el plural igual que se forma en las abreviaturas. Es una práctica muy extendida y necesaria».

       Parece olvidar Bezos que las siglas no son los únicos elementos del discurso científico que no varían en el plural. ¿No generan imprecisión palabras españolas como bíceps, hemitórax, iris, marcapasos y virus, todas ellas invariables en número? ¿O palabras inglesas como ductus, erysipelas, species y statistics, que tampoco cambian en singular y plural?

       Pero olvida, sobre todo, que las siglas en medicina no se forman únicamente con letras mayúsculas. No es raro encontrar siglas en las que un adjetivo calificativo se abrevia con una letra minúscula unida a las mayúsculas del término principal; pienso, no sé, en siglas como ARNm (ácido ribonucleico mensajero) y ECJv (enfermedad de Creutzfeldt-Jakob variante). Cuando se dé el caso de que esta minúscula sea una s, la imprecisión, la confusión y el cacao léxico sí que estarán servidos si admitimos la pluralización de las siglas a la inglesa. ¿Cómo haremos para distinguir entre los ARNs como plural de ARN y los ARNs en el sentido de ARN solubles, o entre las IgAs como plural de IgA y las IgAs en el sentido de inmunoglobulinas A secretoras? Mucho me temo que para evitar un remoto riesgo de imprecisión íbamos a caer en otro aún más grave.

Fernando A. Navarro

21 ene 13 Siglas confusas

Uno de los mayores problemas que comporta la siglomanía rampante que padecemos es el de las siglas que pueden tener múltiples significados. Porque no siempre el contexto sirve de gran ayuda. Es de esperar, por ejemplo, que permita desambiguar sin problemas una sigla como AO cuando se usa para “análisis de orina” o para “arteria oftálmica”, pero con frecuencia será de poca ayuda cuando se trata de desambiguar, para esa misma sigla, entre sus significados “ambos oídos”, “ambos ojos” y “ambos ovarios”, o entre “anticonceptivos orales”, “anticoagulantes orales” y “antidiabéticos orales”.

Este problema afecta no sólo a las siglas de apenas dos letras, como AO, sino también a siglas complejas formadas incluso por cuatro letras. Pienso en siglas como ARNi, que uno nunca sabe si designa el ARN infeccioso, inhibidor, iniciador o interferente; BGNA, que puede corresponder a bacterias gramnegativas aerobias o a bacilos gramnegativos aerobios (no son lo mismo, no); BPFV, ¿buenas prácticas de farmacovigilancia o buenas prácticas de fabricación veterinaria?; COFT, que he visto usar tanto para el Colegio Oficial de Farmacéuticos de Tarragona como para el de Tenerife, Teruel y Toledo; HALP, que tanto puede ser la hiperalfalipoproteinemia como su contrario, la hipoalfalipoproteinemia; IDRM, aplicado por igual a la intradermorreacción de Mantoux y a la intradermorreacción de Montenegro; IgMs, que puede ser la inmunoglobulina M secretora o la inmunoglobulina M de superficie, además del plural de IgM (inmunoglobulina M); IRCA, para unos “insuficiencia renal crónica avanzada”, mientras que para otros corresponde a “insuficiencia respiratoria crónica agudizada”; IRVP, que muchas veces me quedo sin saber, incluso echando mano del contexto, si es el índice de resistencia vascular periférica o el índice de resistencia vascular pulmonar, o SEHM, siglas compartidas por la Sociedad Española de Hidrología Médica y por la de Historia de la Medicina.

Mi favorita, en este aspecto, es la sigla CMCDA, que tiene cinco letras. En principio, uno hubiera esperado que cinco letras debían ser más que suficientes para desambiguar claramente cualquier sigla o abreviatura médica. Sin embargo, tengo documentados textos de inmunología en los que CMCDA se utiliza unas veces como forma abreviada de “citotoxicidad mediada por células y dependiente de anticuerpos” y otras veces como forma abreviada de “citotoxicidad mediada por el complemento y dependiente de anticuerpos”. Con ejemplos así, desde luego, no es de extrañar que haya llegado a convertirme en un médico poco amigo, muy poco amigo de las siglas.

F.A.N.

10 feb 12 Baile de siglas (y II)

Comentábamos días atrás que en Roma la FAO ha cambiado recientemente su nombre oficial en español, pero conservando las siglas, mientras que en Londres la Agencia Europea de Medicamentos lleva años empeñada en marearnos con múltiples cambios de nombres y siglas.

Como en todas partes cuecen habas, también fuera de Europa podemos encontrar buenos ejemplos de esta manía. Por ejemplo, en los Estados Unidos.

El centro federal estadounidense de epidemiología, con sede en Atlanta, se fundó en 1946 como Communicable Disease Center, pero en 1970 pasó a llamarse Center for Disease Control; en 1980, Centers for Disease Control, y en la actualidad, desde 1992, su nombre oficial es Centers for Disease Control and Prevention. Por suerte, no obstante, durante todo este tiempo ha mantenido invariables sus siglas CDC.

Muy distinto es lo que han hecho diversos institutos de investigación dependientes de los NIH o Institutos Nacionales de la Salud de los Estados Unidos. Bastará con aportar tres ejemplos, creo: 1) El instituto encargado de investigar el genoma humano se fundó en 1989 como NCHGR (National Center for Human Genome Research), pero fue rebautizado en 1997 a NHGRI (National Human Genome Research Institute). 2) El instituto fundado en 1950 como NIAMD (National Institute of Arthritis and Metabolic Diseases) ha sido rebautizado ya en tres ocasiones: en 1972 a NIAMDD (National Institute of Arthritis, Metabolism and Digestive Diseases); en 1981 a NIADDK (National Institute of Arthritis, Diabetes, and Digestive and Kidney Diseases), y en 1986 a NIDDK (National Institute of Diabetes and Digestive and Kidney Diseases). 3) Y el instituto que se ocupa de la investigación neurológica, fundado en 1950 como NINDB (National Institute of Neurological Disease and Blindness), también ha sido rebautizado ya tres veces: en 1968 a NINDS (National Institute of Neurological Diseases and Stroke); en 1975 a NINDCS (National Institute of Neurological and Communicative Disorders and Stroke), y en 1988 de nuevo a NINDS (pero ahora con el sentido de National Institute of Neurological Disorders and Stroke).

Fernando A. Navarro

25 ene 12 Baile de siglas (I)

El pasado mes de julio, un importante organismo internacional nos sorprendía con el anuncio de que iba a cambiar su nombre oficial en español (pero no en inglés ni francés): la antigua Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación pasaba a llamarse en español Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. Por suerte, sus siglas oficiales se mantenían inalteradas y seguían siendo FAO en todas las lenguas.

Porque la cosa pudo haber sido mucho peor, y pienso, por ejemplo, en la Agencia Europea de Medicamentos, que se encarga de revisar científicamente la documentación de los medicamentos que siguen el procedimiento centralizado de registro.

Desde su creación en 1993, su nombre oficial fue European Agency for the Evaluation of Medicinal Products en inglés (en forma siglada, EMEA por su nombre informal European Medicines Evaluation Agency) y Agencia Europea de Evaluación de los Medicamentos en español (en forma siglada, AEEM, si bien en la práctica se usaban mucho más las siglas inglesas).

El 20 de mayo del 2004, no obstante, entró en vigor el reglamento CE nº 726/2004 del Parlamento Europeo y del Consejo de la Unión Europea por el que su nuevo nombre oficial pasaba a ser European Medicines Agency en inglés y Agencia Europea de Medicamentos en español. Como siglas oficiales para todos los idiomas de la Unión Europea —incluido el español—, se adoptaron las antiguas siglas inglesas EMEA.

Para acabar de complicar la cosa, el 8 de diciembre del 2009 la Agencia Europea de Medicamentos decidió sustituir sus siglas tradicionales EMEA por EMA, invariable en todas las lenguas. Resultado: hoy tenemos un verdadero cacao de siglas, e igual podemos encontrar AEEM que EMEA o EMA para hablar de este organismo comunitario.

El reglamento citado tuvo, además, otras repercusiones importantes en el ámbito terminológico institucional, pues modificó los nombres oficiales de los comités que integran la EMEA:

1) El antiguo Committee for Proprietary Medicinal Products o CPMP (en español, Comité de Especialidades Farmacéuticas o CEF) pasó a llamarse oficialmente Committee for Medicinal Products for Human Use (en español, Comité de Medicamentos de Uso Humano; siglas oficiales en todos los idiomas: CHMP).

2) El antiguo Committee for Veterinary Medicinal Products o CVMP (en español, Comité de Productos Veterinarios o CPV) pasó a llamarse oficialmente Committee for Medicinal Products for Veterinary Use (en español, Comité de Medicamentos de Uso Veterinario; siglas oficiales en todos los idiomas: CVMP).

3) El antiguo Committee for Orphan Medicinal Products o COMP (en español, Comité de Medicamentos Huérfanos o CMH) se mantiene sin cambios, pero la sigla inglesa COMP pasa a ser oficial en todos los idiomas.

4) Se creó un cuarto comité nuevo, llamado Committee for Herbal Medicinal Products en inglés y Comité de Medicamentos a Base de Plantas en español; siglas oficiales en todos los idiomas: HMPC. Y obsérvese, por cierto, que para este cuarto comité de nueva creación la sigla inglesa regular hubiera debido ser CHMP, pero no pudieron utilizarla por estar ya previamente adjudicada al Comité de Medicamentos de Uso Humano.

Fernando A. Navarro

13 oct 11 Diccionario de Siglas Médicas

diccionario de siglas médicas (via http://bibliovirtual.es)

La SEDOM incorpora a su página Web un diccionario de siglas médicas como herramienta abierta y gratuita a disposición de toda la comunidad científica. Son sus autores Javier Yetano Laguna y Vicent Alberola Cuñat y su primera edición se publicó en 2003. La SEDOM ha decidido actualizarlo y ofrecerlo en formato electrónico.

(Información recibida de Mª Teresa García Ballesteros, Servicio de Información Científica del Hospital Universitario Virgen de la Victoria de Málaga).

http://sedom.es/diccionario/
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